Prueba: RENAULT TWIZY

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Los automóviles eléctricos, que actualmente están en el candelero, en los inicios de la automoción compartieron la oferta con los de vapor y los de combustión interna. El primer automóvil en superar los 100 km/h era eléctrico, “La jamais contente” de Camile Jenatzy, que cubrió un kilómetro a 105 km/h de media en el año 1899.

Renault ha bautizado este modelo Twizy, contracción de la palabras inglesas twin, por sus dos plazas en tándem y easy por su facilidad de utilización. Los vehículos de tracción eléctrica no emiten contaminantes pero sí lo hace la generación de la electricidad que utilizan, globalmente hay que considerar qué fuente de energía se ha utilizado para generar esta electricidad o la mezcla de ellas: combustibles fósiles, nuclear, hidráulica, eólica, etc.

La facilidad de uso ligada a la fiabilidad de los motores eléctricos es una de las ventajas de estos vehículos. Su talón de Aquiles es el almacenamiento de la energía: las baterías son caras, pesadas, capacidad de almacenamiento limitada y recarga lenta, lo que supone autonomías limitadas y la práctica imposibilidad de realizar viajes largos.

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Pero la autonomía y el tiempo de recarga tienen poca importancia para uso urbano, que es al que está destinado el Twizy.

Este coche sorprende con las cuatro ruedas separadas del cuerpo y con guardabarros tipo moto, sus dos plazas en tándem, la ausencia de puertas en su configuración estándar, las que equipan la unidad que hemos probado son opcionales y no tienen cristales. Se ha buscado la eficiencia, la ligereza, sólo pesa 487 kg. Por lo tanto no hay que esperar ningún tipo de lujo como la calefacción, que sería compleja de instalar al no contar con la fuente de calor que habitualmente proporciona el motor térmico.

La información que recibe el conductor proviene de una pantalla con indicaciones de velocidad, el nivel de carga de la batería y el consumo instantáneo, ya sea negativo o positivo, pues hay un sistema de recuperación de la energía en las frenadas y retenciones, que recarga la batería.

El grupo motopropulsor está ubicado debajo del asiento trasero, por delante de las ruedas posteriores. Las suspensiones del sistema McPherson en los dos ejes, se nota que ha sido diseñadas por Renault Sport Technologies, priorizando la estabilidad al confort, como ocurre en los vehículos deportivos.

En cuanto a seguridad pasiva el conductor cuenta con un airbag y un cinturón de cuatro puntos, necesario al no tener las puertas de serie. El cinturón del pasajero es el habitual de tres puntos de anclaje.

La conducción es muy sencilla, basta con dar el contacto, pulsar el botón de marcha adelante o atrás, según convenga, y pisar el acelerador. No hay cambio de marchas.

A pesar de su potencia limitada, algo más de 17 CV, gracias a los 57 Nm de par, las aceleraciones son buenas, alcanza muy fácilmente los 75 – 80 km/h, lo que permite integrarse perfectamente en el tráfico urbano, incluso en el extraurbano, no así en autovías, pues su velocidad máxima, 80 km/h, es escasa para estas vías. No le asustan las subidas que supera con facilidad. La dirección no es asistida pero no requiere especial esfuerzo, incluso en las maniobras, en las que se muestra muy ágil gracias a su reducido diámetro de giro, 6,8 metros. Frena muy bien, aunque no hay asistencia, por lo que el pedal es duro pero permite dosificar bien la frenada. Su comportamiento dinámico es muy bueno, recuerda el comportamiento de un kart y los frenos no se fatigan. En carreteras muy viradas y estrechas se muestra sorprendentemente eficaz dejando atrás a vehículos mucho más potentes pero mayores y más pesados.

La autonomía es limitada, según el fabricante 100 km en ciclo urbano normalizado, que en la práctica se transforman en unos 80 km, que en conducción deportiva y pendientes importantes quedan reducidos a unos 50 – 60 km. Recargar la batería es muy fácil, se levanta una tapa del frontal, donde se encuentra un cable de 3 metros de longitud que se conecta a un enchufe convencional capaz de soportar 10 amperios. Una recarga completa, con la batería a cero, tarda unas 3 horas y media. 

Para que el pasajero acceda a su plaza se debe tirar hacia adelante el asiento del conductor, que luego volverá a su posición, pues las piernas del pasajero se colocan a ambos lados de éste. Cuenta con una guantera con cerradura en el tablier y un espacio para carga, de 31 litros de capacidad, también con llave, en el respaldo del asiento trasero.

El precio del vehículo que hemos probado es de 6.567 € incluyendo las ayudas estatales, a los que hay que sumar el alquiler de la batería, 50 € mensuales que comprende la asistencia. Hay una versión menos potente, 9,5 CV, con velocidad máxima de 45 km/h que se puede conducir a partir de 15 años con licencia de ciclomotor.

El Twizy, con sus 1,24 metros de anchura, 1,38 metros con los retrovisores desplegados, cabe en los garajes de algunas autocaravanas, si tienen una altura interior superior a los 1,46 metros, en este caso es una buena alternativa a la moto que muchos autocaravanistas llevan.

FICHA TÉCNICA: