EL SUR DE PORTUGAL EN AUTOCARAVANA

Desde Peniche hasta Sagres en autocaravana y por carreteras convencionales. Un viaje que nos llevó a conocer Lisboa pero también rincones de Portugal inhabitados donde pernoctar con el atardecer como único testigo en el Algarve.

Évora, Portugal.

Portugal, el vecino que tanto damos por sentado y que tantas sorpresas ofrece a su visitante. Su proximidad facilita viajes exprés a la capital, Lisboa, o la segunda ciudad Oporto, pero recorrer sus pueblos hace que te enamores todavía más de un país en el que sentirse como en casa. En este artículo os explicaremos nuestra experiencia recorriendo el sur de Portugal en autocaravana por carreteras convencionales desde Peniche hasta Sagres (Algarve).

Empezamos entonces en la península de Peniche que a su vez es la población más occidental de la Europa continental. El centro histórico de la ciudad es realmente bello, ahora es uno de los puertos más importantes del país pero en su momento también suponía un punto estratégico de defensa por su situación privilegiada. Lo cierto es que su principal atractivo hoy en día es la gran oferta de actividades marítimas que se realizan, sobre todo el surf.

Peniche, Portugal.

Su formación peninsular crea dos ambientes para el surf muy distintos, dejando una zona para los más novatos en la costa este. Todo lo contrario a la costa oeste donde se crean los Supertubos en la Playa de Medão Grande y se realizan pruebas del campeonato mundial de surf.

La masificación ha obligado a las autoridades a prohibir la pernocta en los alrededores de Peniche, una pena porque las vistas desde sus acantilados dejan atónito a cualquiera. Por ese motivo tuvimos que buscar parkings alejados de la zona más bonita pero que también estaban a pocos metros de la playa. Lo mejor de Portugal es su permisividad con la pernocta, durante nuestro viaje no recurrimos a un camping en ningún momento.

PALACIOS Y MÁS PALACIOS EN SINTRA

Tras un par de días de relax y surf en Peniche nos dirigimos a Sintra. Como ese día hacía mal tiempo y llevábamos la casa a cuestas decidimos pasar de largo y conocer brevemente Cascais, el pueblo pesquero que esconde la mejor heladería del país: Santini. Como los kilómetros habían consumido parte de nuestra energía decidimos visitar la Boca do Inferno y pernoctar de camino a Sintra deseando que el tiempo fuera a mejor.

Boca do Inferno, Portugal.

Así fue y pudimos visitar las grandes atracciones de ese rincón donde el tiempo se paró hace décadas. Aviso a navegantes, circular por localidad es una auténtica carrera de obstáculos así que lo mejor es aparcar la autocaravana a los pies de la montaña, pagar el parking (no hay más opción) y subir hasta los castillos en transporte público cuánto más pronto mejor. El Palacio de la Pena, Quinta da Regaleira y el Castillo de los Moros fueron las edificaciones que elegimos pero bien podríamos haber alargado un día más y recorrer con calma todo lo que ofrece Sintra.

Palacio de la Pena (Sintra) Portugal.
LISBOA

La capital fue el único lugar donde pernoctar se hizo más complicado, también porque siempre intentamos acercarnos a los centros históricos y Lisboa no es un pueblo. Si te mantienes alejado de la urbe no habrá problemas así que recomendamos buscar aparcamiento a medio camino entre Belém y la ciudad. El transporte público nos servirá para movernos e incluso podemos utilizar las líneas de autobuses turísticos, que permiten subir y bajar las veces que se quiera.

Lisboa, Portugal.

El mejor modo de conocer una ciudad con tantas luces y sombras como Lisboa es hacerlo de la mano de un autóctono. Tuvimos la suerte de dar con una guía turística que más allá de la arquitectura y las fechas supo contarnos la esencia de esta magnífica capital, a medio camino entre el pasado y el presente. Los tours gratuitos suelen salir de la Praça Dom Pedro IV y salimos tan contentos de nuestro paseo por el centro que repetimos a la tarde un tour (esta vez pagado de antemano) por los barrios viejos de Mouraria y Alfama. ¿Lo mejor? La guía era cantante y pudimos desconectar sentados en las calles con más historia de Lisboa escuchando un Fado precioso y melancólico.

Lisboa, Portugal.

El tiempo apremiaba y tras todo el día en Lisboa apenas tuvimos tiempo para descubrir Belém, el barrio de descubridores portugueses. Queda pendiente. Lisboa merece, sin duda, más de un día pero los cálculos nos fallaban y el Algarve y sus playas nos llamaban.

CAMINO AL ALGARVE

Durante el viaje nos encontramos a unos españoles -lógico porque estamos en todas partes- que nos recomendaron encarecidamente hacer un alto en el camino: Évora. Dicho y hecho; retomamos nuestro viaje en autocaravana hasta dentro del país, una etapa realmente dura por el calor y la falta de aire acondicionado en un vehículo de los noventa.

Templo romano en Évora, Portugal.

Sin lugar a dudas valió la pena. Évora es un pueblo realmente minúsculo pero declarado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y debe aparcarse a las afueras, en cuestión de minutos ya estás ante las ruinas de un templo romano con unas vistas de infarto. Llegamos al atardecer y fue como un regalo, ver caer el sol con ese monumento, llamado Templo de Diana, como testigo. Cenamos en la Plaça do Giraldo y volvimos al parking de las afueras a pernoctar.

Évora, Portugal.

Al día siguiente procedimos a hacer un poco de turismo por la zona, visitando la capilla de los Huesos y su Catedral. Como estábamos a pocos kilómetros aprovechamos para descubrir El crómlech de los Almendros, un monumento megalítico que por su conservación y dimensiones es de los más importantes de la península Ibérica.

PLAYAS DESIERTAS Y ACANTILADOS PARA DORMIR

Llegamos al ansiado Algarve y decidimos quedarnos en la costa oeste, más agreste y repleta de playas sin apenas gente y olas perfectas para aprender a hacer surf. Lo mejor, sin duda, fueron los atardeceres perdidos por sus colinas y la posibilidad de aparcar la autocaravana a nuestro gusto para dormir. No perdimos la ocasión de visitar el Cabo da Roca, el punto más occidental de Europa.

El Algarve ofrece atardeceres mágicos.

Como adelantamos al principio del artículo, Portugal resultó ser un país de lo más fácil para recorrer en autocaravana. Decidimos alejarnos de las autopistas para cruzarnos con pueblos casi desérticos, muy parecidos a los que podríamos encontrar en Galicia, y lugares de pernocta allá donde quisiéramos. También hay una altísima oferta de parkings con servicios como lavabos, duchas, corriente eléctrica y posibilidad de vaciar y llenar los depósitos de agua por apenas 2€. Si quieres conocer el país vecino no imaginamos mejor manera que a bordo de una casa con ruedas, no dependerás de campings por lo que resultará un viaje de lo más económico.

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